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10 de febrero de 2016
Agricultura mundial: hacia los años 2016/2030. Informe resumido...
En los últimos años, las tasas de crecimiento de la producción agropecuaria mundial y los rendimientos de los cultivos han disminuido

En los últimos años, las tasas de crecimiento de la producción agropecuaria mundial y los rendimientos de los cultivos han disminuido. Esto ha suscitado temores de que el mundo no sea capaz de incrementar lo suficiente la producción de alimentos y otros productos para asegurar una alimentación adecuada de la población futura.

La disminución no se ha producido a causa de la escasez de tierra o agua, sino más bien debido a que la demanda de productos agropecuarios ha disminuido. Las tasas de crecimiento de la población mundial han ido disminuyendo desde finales de los años sesenta y en muchos países se están alcanzando ahora niveles bastante altos de consumo de alimentos per cápita, por encima de los cuales incrementos adicionales serán limitados. Además, una parte persistentemente alta de la población mundial sigue sumida en una pobreza absoluta y carece de los ingresos necesarios para transformar sus necesidades en una demanda efectiva.

Como consecuencia de esto, se espera que la demanda mundial de productos agropecuarios descienda de una media del 2,2 por ciento anual durante los últimos treinta años al 1,5 por ciento anual para los próximos treinta. En los países en desarrollo, la disminución será más espectacular, del 3,7 al 2 por ciento, como consecuencia en parte de que China ha pasado la fase de crecimiento rápido de su demanda de alimentos.

En este estudio se sugiere que la producción agropecuaria mundial puede crecer ahora en línea con la demanda, siempre que se apliquen las políticas nacionales e internacionales necesarias para fomentar la agricultura. Es poco probable que se produzcan situaciones de escasez a nivel mundial, pero siguen existiendo problemas graves a nivel nacional y local que pueden empeorar a menos que se hagan esfuerzos bien dirigidos.

Alimentación y nutrición

Se han dado grandes pasos para mejorar la seguridad alimentaria. La proporción de personas que viven en países en desarrollo con una ingesta media de alimentos por debajo de 2 200 calorías diarias disminuyó del 57 por ciento en 1964-66 a sólo el 10 por ciento en 1997-99. No obstante, 776 millones personas que viven en países en desarrollo siguen padeciendo desnutrición, es decir, una de cada seis personas aproximadamente.

Se espera que continúe el progreso global con respecto a la nutrición, en paralelo a una reducción de la pobreza, según las previsiones del Banco Mundial. La incidencia de la desnutrición debe descender del 17 por ciento de la población de los países en desarrollo en la actualidad al 11 por ciento en 2015 y a sólo el 6 por ciento en 2030. Para el año 2030, se prevé que las tres cuartas partes de la población del mundo en desarrollo vivirán en países en los que menos del 5 por ciento de la población padecerá desnutrición. En la actualidad, la población que vive en esos países no llega ni al 8 por ciento. 

A pesar de las impresionantes reducciones en la proporción de personas desnutridas, el crecimiento continuado de la población significa que el progreso en la reducción del número total será más lento. La Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 estableció el objetivo de reducir a la mitad el número de personas desnutridas, hasta alcanzar aproximadamente 410 millones en 2015. Las previsiones de este estudio sugieren que esto puede ser difícil de conseguir, ya que 610 millones de personas pueden seguir padeciendo desnutrición para ese año, y que incluso en el año 2030 puede haber todavía 440 millones de personas desnutridas. Dar prioridad a la producción local de alimentos y una menor desigualdad en el acceso a los alimentos puede hacer que mejore esta situación. El problema de la desnutrición tenderá a hacerse más manejable y más fácil de solucionar mediante intervenciones políticas, tanto nacionales como internacionales, a medida que disminuya el número de países con una incidencia elevada.

Agricultura, pobreza y comercio internacional

La desnutrición es la manifestación principal de la pobreza. También agrava otros aspectos de la pobreza, reduciendo la capacidad de trabajo y la resistencia a las enfermedades y afectando al desarrollo mental de los niños y a los logros educativos.

Actualmente, una de cada cuatro personas de países en desarrollo viven en condiciones de pobreza extrema, subsistiendo con menos de un dólar EE.UU. diario. Esta proporción ha bajado desde casi un tercio en 1990. Pero debido al crecimiento de la población la disminución en número de personas ha sido más lenta, pasando de 1 269 a 1 134 millones. La última evaluación del Banco Mundial para 2015 sugiere que dichas reducciones de la pobreza mundial pueden continuar. Sin embargo, la excepción es el África subsahariana. Aquí el número de pobres aumentó acusadamente durante los años noventa. Siete de cada diez pobres del mundo siguen viviendo en zonas rurales. El crecimiento del sector agrícola ha desempeñado un papel crucial en la mejora de la renta de las personas pobres, proporcionando trabajos agrícolas y estimulando el empleo fuera de las explotaciones agrícolas. También pueden ser necesarias algunas intervenciones directas en la nutrición, como, por ejemplo, enriquecer los alimentos básicos con vitaminas y minerales, asimismo serán importantes medidas de higiene, agua y saneamiento para reducir los efectos de las enfermedades en la absorción de alimentos.

El comercio puede influir en la mejora de la seguridad alimentaria y en el fomento de la agricultura. Algunas estimaciones calculan que el posible aumento anual del bienestar mundial derivado de un comercio agrícola más libre alcanzará la cifra de 165 mil millones de dólares EE.UU. Pero el progreso alcanzado en la actual ronda de negociaciones comerciales ha sido limitado y sus beneficios hasta la fecha siguen siendo modestos. Si las futuras reformas se concentran demasiado estrechamente en la eliminación de subsidios en los países de la Organización de Cooperación y deDesarrollo Económicos (OCDE), la mayoría de las ganancias irán a parar probablemente a los consumidores de los países desarrollados. Los países en desarrollo deben beneficiarse más de la eliminación de los obstáculos al comercio para productos en los que tienen una ventaja comparativa (como el azúcar, las frutas y las hortalizas), de aranceles reducidos para productos agrícolas elaborados y de un acceso preferencial más profundo a los mercados para los países menos desarrollados (MD).

En los países en desarrollo, también se necesitan reformas internas para que el libre comercio contribuya a la reducción de la pobreza. Tales reformas incluyen: una reducción de la predisposición contra la agricultura en la determinación de políticas nacionales; la apertura de las fronteras a las inversiones extranjeras a largo plazo; la introducción de planes para mejorar la calidad e inocuidad de los alimentos; inversiones en carreteras, regadíos, semillas y conocimientos prácticos; normas de calidad mejoradas y seguridad; y medidas de protección social para los pobres que tienen que afrontar precios más altos de los alimentos.

La globalización de los alimentos y de la agricultura es prometedora, pero también presenta problemas. En general, ha permitido progresar en la reducción de la pobreza en Asia. Pero también ha conducido a la aparición de compañías multinacionales de alimentos que tienen la capacidad de dejar indefensos a los agricultores de muchos países. Los países en desarrollo necesitan estructuras y jurídicas administrativas para prevenir las amenazas y recoger los beneficios.

Producción de cultivos

La tasa de crecimiento anual de la demanda mundial de cereales ha disminuido del 2,5 por ciento anual en los años setenta y del 1,9 por ciento anual en los años ochenta, a sólo el 1 por ciento en los noventa. El consumo anual de cereales per cápita (incluidos los piensos) alcanzó su nivel máximo a mediados de los años ochenta en 334 kg y desde entonces ha descendido a 317 kg. 

Esta disminución no debe alarmar: fue sobre todo el resultado natural de un crecimiento más lento de la población y de cambios en las dietas humanas y en los piensos. Sin embargo, se acentuó en los años noventa debido a diversos factores temporales, incluidas graves recesiones en los países en transición y en algunos países del Asia oriental y meridional.

Se espera que la tasa de crecimiento de la demanda de cereales aumente de nuevo hasta alcanzar el 1,4 por ciento anual en 2015, reduciéndose al 1,2 por ciento anual con posterioridad. En el conjunto de los países en desarrollo, no se espera que la producción de cereales crezca al mismo ritmo que la demanda. El déficit neto de cereales en estos países, que ascendió a 103 millones de toneladas (o el 9 por ciento del consumo) en 1997-99, podría aumentar hasta 265 millones de toneladas en 2030, lo que representará el 14 por ciento del consumo. Se puede reducir la diferencia con mayores excedentes de los exportadores tradicionales de grano y con nuevas exportaciones de los países en transición, que se espera que pasarán de ser importadores netos a ser exportadores netos. 

Los cultivos de oleaginosas han experimentado el mayor incremento de superficie cultivada de todos los sectores de cultivos, ya que se ha ampliado en 75 millones de ha desde mediados de los años setenta hasta finales de los noventa, mientras que la superficie destinada a cereales disminuyó 28 millones de ha en el mismo período. Se espera que el futuro consumo per cápita de oleaginosas aumente con mayor rapidez que el de cereales. Estos cultivos representarán 45 de cada 100 calorías adicionales sumadas a las dietas medias de los países en desarrollo entre hoy y 2030.

Fuentes de crecimiento de la producción de cultivos

Hay tres fuentes principales de crecimiento en la producción de cultivos: aumento de la tierra cultivada, incremento de la frecuencia de las cosechas (a menudo mediante regadío) y aumento de los rendimientos. Se ha sugerido que podríamos estar llegando al límite de las posibilidades para las tres fuentes.

Un examen detallado del potencial de producción no apoya este punto de vista a nivel mundial, aunque en algunos países, e incluso en regiones enteras, sigue habiendo problemas graves que pueden hacerse más profundos.

Tierra. Se pondrá en cultivo menos tierra agrícola nueva que en el pasado. En los próximos treinta años, los países en desarrollo necesitarán 120 millones de ha adicionales para cultivos, lo que representa un incremento global del 12,5 por ciento. Esto es sólo la mitad de la tasa de crecimiento observada entre 1961-63 y 1997-99.

A nivel mundial, hay un potencial adecuado de tierra de labrantío no utilizada. Una comparación de suelos, terrenos y climas con las necesidades de los principales cultivos sugiere que 2 800 millones de ha adicionales son idóneas en diversos grados para la producción de cultivos temporales (anuales) y permanentes de secano. Esto representa casi el doble de lo que se está cultivando actualmente. Sin embargo, sólo una fracción de esta tierra adicional está realmente disponible para una expansión agrícola en un futuro previsible, ya que es mucho lo que se necesita para preservar la cubierta forestal y para apoyar el desarrollo de infraestructuras. La posibilidad de acceso y otras limitaciones también son obstáculos en el camino hacia cualquier expansión importante.

Más de la mitad de la tierra que podría ponerse en cultivo está en sólo siete países tropicales de América Latina y del África subsahariana, mientras que en otras regiones y países existe escasez de tierra idónea. En el Cercano Oriente y África del Norte, el 87 por ciento de la tierra idónea ya se estaba cultivando en 1997-99, mientras que en el Asia meridional esa cifra no es inferior al 94 por ciento. En esas regiones, la intensificación mediante una mejora de la gestión y el uso de tecnologías será la fuente principal, de hecho prácticamente la única, de crecimiento de la producción. En muchos lugares, la degradación de la tierra amenaza la productividad de las tierras de labrantío y pastizales existentes.

Agua. El regadío es crucial para los suministros de alimentos del mundo. En 1997-99, la tierra de regadío representaba solamente una quinta parte aproximadamente de la superficie de labranza total en los países en desarrollo, pero producía dos quintas partes de todos los cultivos y casi tres quintas partes de la producción de cereales.

Se espera que siga en aumento el papel desempeñado por los regadíos. Se considera probable que los países en desarrollo en su conjunto aumenten su superficie de regadío de 202 millones de ha en 1997-99 a 242 millones en 2030. La mayor parte de esta expansión se producirá en zonas con escasez de tierras en las que el regadío ya es crucial.

Se predice que el incremento neto de tierra de regadío será inferior al 40 por ciento del conseguido desde principios de los años sesenta. Parece que hay suficientes tierras susceptibles de regadío sin utilizar que pueden satisfacer las necesidades futuras: estudios de la FAO sugieren que existe un potencial total de regadío de unos 402 millones de ha en países en desarrollo, de los que sólo la mitad están actualmente en uso. Sin embargo, los recursos hídricos serán un factor importante que limitará la expansión en el Asia meridional, que estará utilizando el 41 por ciento de sus recursos renovables de agua dulce para 2030 y en el Cercano Oriente y África del Norte, que estará utilizando el 58 por ciento. Estas regiones tendrán que utilizar el agua con mayor eficacia.

Rendimientos. En los cuatro últimos decenios, el aumento de los rendimientos representó cerca del 70 por ciento del incremento de la producción de los cultivos en los países en desarrollo. En los años noventa se apreció una disminución en el crecimiento de los rendimientos. Por ejemplo, los rendimientos del trigo crecieron a una tasa media del 3,8 por ciento anual entre 1961 y 1989, pero sólo al 2 por ciento anual en el período 1989 a 1999. Para el arroz, las tasas de crecimiento respectivas disminuyeron a menos de la mitad, pasando del 2,3 al 1,1 por ciento.

El crecimiento de los rendimientos seguirá siendo el factor subyacente que permitirá los incrementos en la producción de cultivos en el futuro. En los países en desarrollo, representará aproximadamente un 70 por ciento del crecimiento en la producción de cultivos hasta el año 2030. Para que se cumplan las proyecciones de producción, el futuro crecimiento de los rendimientos no tendrá que ser tan rápido como en el pasado. Para los rendimientos del trigo, se necesita solamente un crecimiento anual del 1,2 por ciento a lo largo de los treinta años próximos. El panorama para otros cultivos es similar. Se espera que el crecimiento del uso de fertilizantes en los países en desarrollo disminuya al 1,1 por ciento anual a lo largo de los tres próximos decenios, y que continúe la desaceleración que ya se está produciendo.

En conjunto, se estima que el 80 por ciento aproximadamente de los futuros incrementos en la producción de cultivos en países en desarrollo tendrán que proceder de la intensificación: mayores rendimientos, aumento de cultivos múltiples y períodos de barbecho más cortos.

Tecnología mejorada

Se necesita nueva tecnología para zonas con escasez de tierra o agua o con problemas de suelo o clima especiales. Frecuentemente, éstas son zonas con una elevada concentración de personas pobres, en las que dicha tecnología podría desempeñar un papel fundamental en la mejora de la seguridad alimentaria.

La producción agrícola podría probablemente satisfacer la demanda esperada en el período hasta 2030, incluso sin avances importantes en biotecnología moderna. Sin embargo, las nuevas técnicas de análisis molecular pueden proporcionar un impulso a la productividad que será bienvenido, especialmente en zonas con dificultades especiales, y de este modo mejorar los ingresos de los pobres de la misma manera que ocurrió con la revolución verde en grandes zonas de Asia entre los años sesenta y ochenta. 

Para el siglo XXI, se necesita una segunda revolución doblemente verde en tecnología agrícola. Los incrementos de la productividad siguen siendo vitales, pero tienen que combinarse con la protección o restauración medioambientales, mientras que las nuevas tecnologías tienen que ser asequibles para los pobres y desnutridos y deben estar dirigidas a satisfacer sus necesidades.

La biotecnología promete ser un medio para mejorar la seguridad alimentaria y reducir las presiones sobre el medio ambiente, siempre que se aborden los peligros medioambientales observados de la propia biotecnología. Las variedades modificadas genéticamente (resistentes a la sequía, anegamiento, acidez del suelo, salinidad y temperaturas extremas) podrían ayudar a conseguir un cultivo sostenible en zonas marginales y a recuperar tierras empobrecidas para la producción. Las variedades resistentes a los insectos dañinos pueden reducir la necesidad de utilizar plaguicidas.

Sin embargo, el uso general de variedades modificadas genéticamente dependerá de la capacidad de abordar o no de manera adecuada preocupaciones en cuanto a la inocuidad de los alimentos y el medioambiente. De hecho, la difusión de estas variedades, al menos en los países desarrollados, en los últimos años se ha reducido en cierta medida, como consecuencia de estas preocupaciones, que deben abordarse por medio de un aumento de ensayos y protocolos de inocuidad mejorados, para que el progreso en este sentido pueda reanudarse.

Entre tanto, han surgido otras tecnologías prometedoras que combinan el incremento de la producción con una mayor protección medioambiental. Éstas incluyen la agricultura sin labranza o de conservación y los enfoques de menos insumos de la gestión de plagas o de nutrientes integrada y la agricultura orgánica.

Ganadería

Las dietas en los países en desarrollo cambian a medida que aumentan los ingresos. La proporción de alimentos básicos, como cereales, raíces y tubérculos está disminuyendo, mientras que la de carne, productos lácteos y oleaginosas está aumentando.

Entre 1964-66 y 1997-99, el consumo de carne per cápita en los países en desarrollo aumentó en un 50 por ciento y el de leche y productos lácteos en un 60 por ciento. Para 2030, el consumo per cápita de productos pecuarios podría aumentar otro 44 por ciento. Como en el pasado, el consumo de productos de aves de corral crecerá con mayor rapidez. 

Es probable que las mejoras en la productividad sean una fuente importante del crecimiento. Los rendimientos de la leche deben mejorar, mientras que la zootecnia y una gestión mejorada incrementarán los pesos medios de la canal y las tasas de sacrificio. Esto permitirá aumentar la producción con un menor crecimiento del número de cabezas de ganado y la correspondiente disminución del aumento de los daños medioambientales debidos al pastoreo y a los residuos.

En los países en desarrollo, la demanda crecerá con mayor rapidez que la producción, generando un déficit comercial creciente. Con relación a los productos cárnicos, éste aumentará acusadamente de 1,2 millones de toneladas en 1997-99 a 5,9 millones de toneladas en 2030 (a pesar del crecimiento de las exportaciones de carne desde América Latina) y, en cuanto a la leche y productos lácteos el incremento no será tan acusado, pero aún así considerable, de 20 a 39 millones de toneladas.

Una parte cada vez mayor de la producción pecuaria procederá probablemente de empresas industriales. En los últimos años, la producción de este sector ha crecido a un ritmo dos veces más rápido que los sistemas mixtos de explotación agrícola tradicionales y con una rapidez seis veces mayor que los sistemas de pastoreo.

Silvicultura

En los años noventa, la superficie forestal total disminuyó 9,4 millones de ha (aproximadamente tres veces la superficie de Bélgica), cada año. Sin embargo, el ritmo de deforestación durante estos años fue más lento que en los ochenta. Los países industriales y en transición ampliaron sus zonas forestales y muchos países en desarrollo incluidos Bangladesh, China, India, Turquía y Viet Nam plantan en la actualidad más bosques que los que talan.

Las previsiones de cultivos sugieren que la tierra de cultivo tendrá que aumentar en 120 millones de ha para el año 2030, mientras que los terrenos urbanos seguirán creciendo de forma considerable. Gran parte de esta tierra adicional tendrá que proceder de la tala de bosques. Además, para 2030, se espera que el consumo anual mundial de madera en rollo para uso industrial aumente el 60 por ciento respecto a los niveles actuales, alcanzando aproximadamente la cifra de 2 400 millones de m3. 

Incluso así, se espera que la deforestación sea más lenta en los próximos decenios y no es probable que el mundo tenga que afrontar una crisis de suministro de madera. La producción de materiales derivados de la madera aumenta continuamente su rendimiento, creando más productos con menos materia prima. La superficie de las plantaciones crece también rápidamente: se espera que la producción de madera en rollo industrial en las plantaciones se duplique para el año 2030 pasando de los 400 millones de m3 actuales a 800 millones aproximadamente. Además, un gran incremento de la arboricultura fuera de bosques y plantaciones (a lo largo de las carreteras, en ciudades, alrededor de las casas y en sistemas de agrosilvicultura en explotaciones agrícolas) hará que aumente el suministro de madera y otros productos de los árboles.

Los retos principales para la silvicultura están en encontrar maneras de gestionar recursos de árboles naturales y cultivados con objeto de aumentar la producción, mejorar la seguridad alimentaria y el suministro de energía para los pobres, así como salvaguardar los servicios medioambientales y de biodiversidad que proporcionan los bosques.

Pesca

La producción pesquera mundial se ha mantenido por delante del crecimiento de la población a lo largo de los tres últimos decenios. La producción de pescado casi se duplicó pasando de 65 millones de toneladas en 1970 a 125 millones en 1999, mientras que la ingesta media mundial de pescado, crustáceos y moluscos alcanzó la cifra de 16,3 kg per cápita. Para 2030, es probable que el consumo de pescado anual alcance la cifra de 150-160 millones de toneladas o entre 19 y 20 kg de pescado per cápita. 

Esta cantidad es considerablemente más baja que la demanda potencial, debido a que se espera que factores medioambientales limiten el suministro en este caso. Al entrar en el nuevo siglo, las tres cuartas partes de la reservas de peces del océano estaban siendo objeto de sobrecaptura, agotadas o explotadas hasta su máximo rendimiento sostenible. El crecimiento futuro de las capturas marinas sólo puede ser modesto. Durante los años noventa se mantuvieron a un nivel de 80 a 85 millones de toneladas anuales, no lejos de su máximo rendimiento sostenible.

La acuicultura compensó esta disminución de las capturas marinas duplicando su cuota de producción mundial de pescado durante los años noventa. Continuará creciendo rápidamente a tasas del 5 al 7 por ciento anual hasta 2015. En todos los sectores de la pesca será esencial buscar formas de gestión que conduzcan a una explotación sostenible, especialmente de los recursos de propiedad común o sin propiedad.

Medio ambiente y clima

A lo largo de los próximos treinta años, muchos de los problemas medioambientales asociados con la agricultura seguirán teniendo gravedad. La pérdida de biodiversidad causada por la expansión e intensificación de la agricultura continúa con frecuencia de manera constante incluso en los países desarrollados, donde la naturaleza tiene una alta valoración y se supone que está protegida.

Los fertilizantes nitrogenados son una fuente importante de contaminación del agua y del aire. Las previsiones de cultivos implican un menor crecimiento en el uso de estos fertilizantes que en el pasado, pero el incremento puede seguir siendo importante para la contaminación. Las previsiones también sugieren un incremento del 60 por ciento en las emisiones de amoníaco y metano procedentes del sector pecuario. Se necesitarán amplias medidas para controlar y reducir la contaminación del aire y el agua a partir de estas fuentes.

No se espera que el calentamiento global disminuya la disponibilidad de alimentos a nivel mundial, pero tanto a nivel regional como local puede tener efectos importantes.

Las proyecciones actuales sugieren que el potencial de producción de cultivos aumentará en latitudes templadas y frías, mientras que en zonas de los trópicos y de los subtrópicos puede disminuir. Esto puede profundizar aún más la dependencia de los países en desarrollo de las importaciones de alimentos, aunque al mismo tiempo puede mejorar la capacidad de los exportadores de los países templados para llenar el vacío. El aumento de los niveles del mar amenazará la producción de cultivos y los medios de vida en países con grandes zonas de tierras bajas, como Bangladesh y Egipto.

Es muy posible que empeore la inseguridad alimentaria para algunos grupos rurales vulnerables de países en desarrollo. Para 2030, se cree que el cambio climático hará disminuir la producción de cereales en África del 2 al 3 por ciento. Semillas mejoradas y el aumento del uso de fertilizantes deben compensar esto sobradamente, pero este factor seguirá siendo un importante lastre que dificultará los esfuerzos de progreso.

Tanto la agricultura como la silvicultura contribuyen al impacto humano sobre el clima. La combustión de biomasa (en deforestación, incendios en la sabana, eliminación de residuos de cultivos y el uso para cocinar de leña o estiércol) es una fuente importante de dióxido de carbono en la atmósfera, mientras que los fertilizantes y los residuos animales generan importantes emisiones de óxido nitroso y amoníaco.

Los bosques pueden ayudar a absorber parte del carbono liberado por las actividades humanas. Entre 1995 y 2050, una deforestación más lenta, junto con el desarrollo de la regeneración y plantación, puede reducir las emisiones de dióxido de carbono en el equivalente del 12 al 15 por ciento de todas las emisiones debidas a combustibles fósiles.

Las explotaciones agrícolas también cumplirán una función. Para el año 2030, la cantidad de carbono fijado en los suelos de cultivo, como materia orgánica del suelo procedente de residuos de cultivos y estiércol, puede aumentar en un 50 por ciento si se introducen mejores procedimientos de gestión.



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